Y cuando te grito que odio todo de ti, que detesto cada parte de tu cuerpo, que no soporto como golpeas la mesa con los dedos como si supieses tocar el piano y sintieses la necesidad de hacerlo a cada minuto, tú me gritas que no, que jamás golpeas los dedos en la mesa, y señalas mi mano, para indicarme que ese gesto es solo mio. Rompo a llorar, porque romperse es la manera más triste de enseñarte mi dolor, y me doy cuenta de que soy tan tú, y tú eres tan yo, que no puedo evitar odiarte como me quiero a mi.
El problema es que yo sé demasiado sobre hacer luz en tus ojos, si me dejas tú mano
la cojo entre las mías
separo el dedo índice
escondo los demás
y recorro con él el borde de tus labios
primero
la curva de tu barbilla
los hoyuelos en tus mejillas.
Recorro el borde de mis labios
segundo
los huecos bajo mis ojos
el contorno de mi orejas
la línea de mis clavículas
tercero.
Abandono tu mano en tu rodilla
cuarto
me levanto y me abandono a mi
me dejo allí, donde no quiero estar
y volveré a buscarme
cuando empiece a echarme de menos
quinto.
Vi tu foto colgada en la parte de atrás de mi puerta.
No te di mi corazón.
Nadie vive allí.

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