miércoles, 29 de mayo de 2013

Ofensa a la primavera por desfallecer demasiado pronto.

Hay dos niños en un parque. Ella le empuja a él entre los arbustos y le obliga a atravesarlos mientras se ríe muy fuerte. Él, obediente, pasa entre las ramas, oponiendo mínima resistencia. No pregunta por qué, ni la mira desconcertado. Entonces a mi, que no tengo ni idea de nada y que observo desde la acera de enfrente, no se me ocurre pensar que tal vez no haya ningún por que, ni ningún motivo, ni ninguna razón que ella pueda darle a ese gesto tan simple, de poner la mano sobre su espalda y presionar para empujarle hacia adelante.
Entonces yo, imagino que esos dos niños somos nosotros.
Y que esa es mi mano, presionando tu espalda.
Y que tú te giras y soltando una carcajada dices que no, que no pasas.

Ahora sí hay un por que, de esos que se te enredan en el pelo cuando intentas separarlo en mechones con los dedos. Y yo, que conocía ese por que antes de que se formase en tu cabeza, no puedo hacer otra cosa que no sea levantar la mano de tu espalda, frotarme los ojos con los puños cerrados, y sonreirte con toda la pena del mundo reunida en mis mejillas.

Puedo tener todo lo que quieras
puedo tener todo lo que crees que te he dado
y puedo tener todo lo que no me has pedido.

Y sin embargo no puedo evitar cerrar los ojos cuando atardece, como si fueran mis párpados los que se mereciesen los últimos rallos de luz y no yo.
Como si en lugar de los últimos mereciese los principios.
Como si en lugar de principios hubiese relojes parados, camisas mal planchadas y olvidos de llaves.

El camino a través de los arbustos se resume en despertar y ver que el lugar que había querido regalarte ya no está. Como cuando los suspiros dejan de tener dueño, o los ojos dejan de buscar.

Hay ciudades abandonadas más llenas que yo de ti.

Y cómo voy a entender lo que quieres decir
si lo auténtico para mi es dejar de querer a ratos.
odiar un día de cada dos.
echar de menos y no buscar.
envidiar tu forma de moverte.
pedir a gritos una sonrisa
y luego hacer llorar.

Me invento este desastre, te lo regalo, y antes de que explote lo has hecho desaparecer.
Y eso es terrible.

¿Ves todas esas ventanas? Te tiraría por cualquiera de ellas y lloraría después.
Quien dice ventanas dice rotos.
Y quien habla de rotos habla de costuras.

Te prometería un cielo
Un cielo lluvioso

Y aún así, si te pido aire para respirar
me quitas el aliento.
Y eso es terrible.

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