Drogada de luz y extasiada de pena, murmuras.
Hay fotos colgadas de lugares que no conoces y un reloj que no da la hora pero que señala el momento más bonito del día en mi habitación. Y qué estupidez, si el momento más bonito no es otro que este, cuando la luz rompe las cortinas y marca el lugar en el que tus manos dejaron de ser tus manos y mis rodillas temblaron. Tanto, que hicieron sentir envidia a las ramas desnudas de los árboles en otoño. Hay flores de plástico en la mesilla de noche. Hay libros sin terminar apilados en el suelo, sujetando la pared. Hay vinilos rotos que cortan sin tocarlos.
Puedes mirarme.
Nunca he sido mía,
pero ahora puedo jurar
que soy más tuya que de nadie.
Puedes ver como me muevo y decirme
si has visto alguna vez
una forma de girar
que se parezca a esta.
(¡Gelsominaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!)
(¡Zampanooooooooooooooo!)

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