Y si hago de tus clavículas mi precipicio y me lanzo al vacío de tu pecho, esperando encontrar lo que llena el mío. Y si en la caída solo encuentro nombres, y ojos, y caricias de otras manos, que no te recuerdan a las mías. Y si en el borde me agarro, rogando un recuerdo, haciendo esperar al olvido, intentando que se desvanezca antes de que lo haga yo. Y si te ruego que recorras tu la distancia, que salves lo insalvable, y si no sé hacia donde caminar para encontrar algo de ti que me suene conocido.
La venda sobre mis ojos huele a ti, imagínate lo bonita que parezco con ella, lo bonitas que suenan tus palabras con ella.
Le vi llorar,
y en ese momento,
lo único que me apetecía
en el mundo
era besar la sal
de sus mejillas.

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