domingo, 29 de septiembre de 2013

Carta a lo que tu llamas pena y yo llamo cuento.

Me obligó a soltar el paquete de pasta que abrazaba en medio del supermercado, con expresión lastimera, de la misma marca que el que cocinamos nosotros el mes pasado.

Llevaba su abrigo puesto, aquel azul que se olvidó en mi casa y que tampoco le gustaba tanto. Cuando metía las manos en los bolsillos podía juguetear con su mechero, igual que hacía él.

Me escondía en su capucha y la gente me miraba.

Tenía cara de corazón perdido.

Él hizo que me quitase la prenda y la tiró sobre la acera, y allí se quedó su olor.

Hizo que me metiese en la bañera, y me obligó a estar a remojo un par de horas, hasta que el agua se enfrío y yo empecé a tiritar. Vino y me sequé, me puse ese pijama tan feo y me senté en el sofá. A esperar, como de costumbre.

Él me levantó y me llevó a la cocina. Me obligó a sacar ingredientes de la nevera, y a calentar el aceite en la sartén. Puso música en la radio. Se movía por la cocina como si el mundo mereciese la pena. Yo solo miraba y sin entender nada cortaba cebolla en una tabla.

Tenía los ojos secos, no podía llorar. Toda la casa empezó a oler bien.

Sonaban canciones bonitas, él no me miraba preocupado, como los demás, solo sonreía y agarraba mis muñecas para obligarme a bailar sobre las baldosas blancas y algo sucias, como todo.

Mientras las sartenes hacían lo suyo corrió a mi cuarto. Yo me senté en una de las sillas duras de la cocina y miraba el marco de la puerta, esperando su regreso.

Esperando, de nuevo.

Llegó con ropa, con fotos, con discos, con folios escritos, con restos de comida basura y un par de cartas tristes. Yo pensaba, parecían mejores hace unos días, mientras él los metía en una bolsa y le hacía un nudo. No intenté detenerle, todo me daba un poco igual.

Mientras el bajaba la bolsa al contenedor, yo me deslicé de la silla al suelo y me quedé allí quieta.

Cuando subió no intento levantarme, solo me miró y sirvió la comida en platos. Se sentó y habló por primera vez, con pasta en la boca.

"Solo necesitas un nuevo perfume y dejar de entreabrir la boca esperando un beso."


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