Y si hago de tus clavículas mi precipicio y me lanzo al vacío de tu pecho, esperando encontrar lo que llena el mío. Y si en la caída solo encuentro nombres, y ojos, y caricias de otras manos, que no te recuerdan a las mías. Y si en el borde me agarro, rogando un recuerdo, haciendo esperar al olvido, intentando que se desvanezca antes de que lo haga yo. Y si te ruego que recorras tu la distancia, que salves lo insalvable, y si no sé hacia donde caminar para encontrar algo de ti que me suene conocido.
La venda sobre mis ojos huele a ti, imagínate lo bonita que parezco con ella, lo bonitas que suenan tus palabras con ella.
Le vi llorar,
y en ese momento,
lo único que me apetecía
en el mundo
era besar la sal
de sus mejillas.
martes, 18 de junio de 2013
martes, 11 de junio de 2013
El problema es que yo te he llenado, tú me has llenado. Estamos llenos de ti y de mi.
Y cuando te grito que odio todo de ti, que detesto cada parte de tu cuerpo, que no soporto como golpeas la mesa con los dedos como si supieses tocar el piano y sintieses la necesidad de hacerlo a cada minuto, tú me gritas que no, que jamás golpeas los dedos en la mesa, y señalas mi mano, para indicarme que ese gesto es solo mio. Rompo a llorar, porque romperse es la manera más triste de enseñarte mi dolor, y me doy cuenta de que soy tan tú, y tú eres tan yo, que no puedo evitar odiarte como me quiero a mi.
El problema es que yo sé demasiado sobre hacer luz en tus ojos, si me dejas tú mano
la cojo entre las mías
separo el dedo índice
escondo los demás
y recorro con él el borde de tus labios
primero
la curva de tu barbilla
los hoyuelos en tus mejillas.
Recorro el borde de mis labios
segundo
los huecos bajo mis ojos
el contorno de mi orejas
la línea de mis clavículas
tercero.
Abandono tu mano en tu rodilla
cuarto
me levanto y me abandono a mi
me dejo allí, donde no quiero estar
y volveré a buscarme
cuando empiece a echarme de menos
quinto.
Y cuando te grito que odio todo de ti, que detesto cada parte de tu cuerpo, que no soporto como golpeas la mesa con los dedos como si supieses tocar el piano y sintieses la necesidad de hacerlo a cada minuto, tú me gritas que no, que jamás golpeas los dedos en la mesa, y señalas mi mano, para indicarme que ese gesto es solo mio. Rompo a llorar, porque romperse es la manera más triste de enseñarte mi dolor, y me doy cuenta de que soy tan tú, y tú eres tan yo, que no puedo evitar odiarte como me quiero a mi.
El problema es que yo sé demasiado sobre hacer luz en tus ojos, si me dejas tú mano
la cojo entre las mías
separo el dedo índice
escondo los demás
y recorro con él el borde de tus labios
primero
la curva de tu barbilla
los hoyuelos en tus mejillas.
Recorro el borde de mis labios
segundo
los huecos bajo mis ojos
el contorno de mi orejas
la línea de mis clavículas
tercero.
Abandono tu mano en tu rodilla
cuarto
me levanto y me abandono a mi
me dejo allí, donde no quiero estar
y volveré a buscarme
cuando empiece a echarme de menos
quinto.
Vi tu foto colgada en la parte de atrás de mi puerta.
No te di mi corazón.
Nadie vive allí.
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