domingo, 3 de junio de 2012

Lo dije todo, lo tienes todo.

Se enamoró de un chico que hablaba en sueños, que decía cosas bonitas por las mañanas y que la llevaba a tomar café los jueves a ese sitio tan horrible que hace esquina con la frutería. Él de vez en cuando salía corriendo y ella no volvía a verle en un par de días. Pero no pasaba nada, porque le traía caricias y sensación de calma. Ella le quería más que a nadie en el mundo, pero el dolor sin pausa hizo que se apartase de él, poco a poco y sin ninguna gana. Pero el volvía, a cogerle la mano y dar vueltas con ella hasta que se mareaba. Ojalá me quiera, pensaba. Ojalá me quiera y por eso no me deja ir, ojalá no sea capaz de pensar en otra cosa nada más despertarse y ojalá se acuerde de mi cada vez que sonría. Pero no era así y no lo fue nunca. El no la dejaba ir porque no le parecía apropiado no tenerla a su lado. Al despertarse pensaba en lo maravilloso que sería ver amanecer y cuando sonreía no pensaba en ella, ni en su forma de reír al hacerle cosquillas, ni tampoco en su forma de elegir los sabores de los helados que tomaban juntos.
Y así se perdieron, juntos. Ella cayendo, cada vez más. El mirándola a los ojos preguntándose si era el momento oportuno para decirle que no se volverían a ver. Ella perdiendo algo que nunca había tenido. El restándole significado al amor que no comprende.





 "No pretendo ser el mejor. Unicamente quiero volar tan alto que nadie pueda alcanzarme. No para demostrar nada, solo quiero llegar a donde se llega cuando entregas tu vida entera y todo lo que eres a una única cosa." - James Dean




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