Le dolía levantar la mirada y no verle allí, donde siempre había estado, donde nunca debería haber estado. Pero le dolía aun más saber la verdad, que se había acabado todo, que no había segunda parte porque ni siquiera hubo primera. Recorrió todos sus lugares con un chaquetón verde manzana y lluvia en los zapatos. Se permitió el lujo de hacerse daño un poquito más y escuchó A Certain Romance donde el juntó su nariz con la de ella. Caminó por donde habían caminado recordando trozos de conversaciones y miradas que no llevaron a nada y se sintió tonta por quererle tanto. Sus dedos enroscados en su pelo revuelto, sus mejillas colorada, su cuerpo tiritando por el frío o por el miedo, sus palabras bonitas, sus medias palabras. Se sintió tonta por no ser capaz de pararlo a tiempo. Se sintió tonta por ser tan culpable como el de haber levantado una mentira, ella con seguridad y el con equivocaciones. Y cuando volvía a casa, se dió cuenta de que había sido bonito, y que después de lo bonito, simpre llega el invierno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario