domingo, 27 de noviembre de 2011

Hazme un favor, rompeme la nariz.

Han pasado muchas noches y no tantos días desde que empezó a echarle de menos. Pero es ahora cuando se da cuenta de que realmente nunca llegó a conocerla. El no sabe lo mucho que puede llorar en un fin de semana, solo sabe que su debilidad es el chocolate. No sabe que tiene un vacio en el corazón, no sabe como llenarlo, solo conoce una forma de mirarla y no es suficiente. Nunca es suficiente. No sabe que ella es capaz de escapar lejos de el, sobre todo cuando más le necesita. Pero si que sabe que ella no tiene escudo. Su muralla de hielo es simple y llanamente un granizado de limón. Y se ríe por eso, ella es estupidamente predecible.
Y ahora ha decidido no verle más, sacarle de su vida, lejos. Sonreirle por la calle sin despegar los labios. Quererle unos días más y olvidarle rápido. Que solo quede de él una historia divertida para contar en una tarde de banco y gominolas.
Pero ella como tantas otras veces, se olvida de que nunca pudo ocultarle nada, aunque el no fuese capaz de verlo.

viernes, 11 de noviembre de 2011

BEWARE.

Precioso desastre. Dentro de todo lo precioso que puede ser un desastre, este es el mejor. Algo desastroso sería mancharte de helado de chocolate la camisa de tu madre, besar al chico equivocado, arrepentirte de un suspiro, bailar descoordinadamente, soltar un comentario inoportuno, llevar botas blancas, mezclar rosa con rojo, ponerte enferma el día de tu cumpleaños, quedarte sin dinero para gominolas, que se te estropee la blackberry, ese tipo de cosas realmente desastrosas que te hacen decir alguna palabrota. Pero ese te quiero que solté sin motivo pertenece al grupo de los preciosos desastres, de los que no te arrepientes, de los que te hacen pensar, chillar un rato y esconderte durante unos días. Finjamos que no ha pasado nada e ignoremos el caos que nos rodea.

jueves, 10 de noviembre de 2011

And the more you keep on looking, the more it's hard to take.

Le dolía levantar la mirada y no verle allí, donde siempre había estado, donde nunca debería haber estado. Pero le dolía aun más saber la verdad, que se había acabado todo, que no había segunda parte porque ni siquiera hubo primera. Recorrió todos sus lugares con un chaquetón verde manzana y lluvia en los zapatos. Se permitió el lujo de hacerse daño un poquito más y escuchó A Certain Romance donde el juntó su nariz con la de ella. Caminó por donde habían caminado recordando trozos de conversaciones y miradas que no llevaron a nada y se sintió tonta por quererle tanto. Sus dedos enroscados en su pelo revuelto, sus mejillas colorada, su cuerpo tiritando por el frío o por el miedo, sus palabras bonitas, sus medias palabras. Se sintió tonta por no ser capaz de pararlo a tiempo. Se sintió tonta por ser tan culpable como el de haber levantado una mentira, ella con seguridad y el con equivocaciones. Y cuando volvía a casa, se dió cuenta de que había sido bonito, y que después de lo bonito, simpre llega el invierno.