A ver si en algún momento de lo que nos queda de vida te das cuenta de que tu y yo no somos como los demás y tampoco nos hace falta serlo. No vamos juntos al cine los domingos, pero bailamos en la azotea de tu casa hasta que se hace de día. No paseamos por el parque de la mano, pero somos profesionales en encontrar formas en los dibujos de las sábanas. Que no cenamos en restaurantes caros, sino que nos alimentamos a base de comida china los martes por la noche. Somos únicos, en vivir en nuestra ciudad secreta y en inventarnos juegos de cartas. Somos únicos, por suerte o por desgracia.
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