sábado, 6 de abril de 2013

Hay finales que consiguen ser más valiosos que los principios.
Hay formas de ser horizontal que te gustarían más que cualquier amanecer en mi puerta.




"En algún momento entres las tres y las cuatro y media del 21 de marzo del año pasado, alguien decidió buscar un motivo.
Y con ese concepto tan general, que muchos calificarían de absurdo, salió al mundo con la intención de encontrar a la personificación del mismo.
En su camino escuchó las risas de aquellos que no querían comprender, las preguntas de los curiosos y los aplausos y abucheos de los que entendieron mal.
Cuando regresó, a las cuatro y veintinueve minutos, la encontró sentada con los codos apoyados sobre la mesa de la cocina. 
Treinta segundos tardó en recorrer la distancia entre la ignorancia y el saber, y otros treinta en acaricira a su motivo.
Porque a veces el amor es como las gafas de ver, y no lo encontramos ni aunque nos sentemos encima."

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