jueves, 17 de enero de 2013

No te salves, joder, quédate. No te salves.

No importa que no lluevas, me llena la imagen de tus manos tropezando con el cenicero al pensar en el roce de mis labios acariciando tus párpados. Te imagino asomado a la ventana lamentándote por no encontrar una excusa lo suficiente evidente para que te deje pasar. Te imagino corriendo hasta mi calle a esperar que me encuentre con tus dedos cruzados y ennegrecidos por la ceniza. Oigo tu aliento, si aguanto el mío. Veo tu luz, si cierro los ojos. Espero, aguantando al verano en el armario,  bloqueando su marcha, obstaculizando su huida. Y sabes que espero, que no tengo prisa por verte llover, que el verano esperará conmigo hasta que encuentres la disculpa perfecta para acercarte y pedir a gritos permiso para susurrar.

Te extrañará que me niegue, pero aunque en tu cabeza y en la mía viven las mismas cosas, no te voy a dejar entrar

hasta confirmar
que no solo te necesito
que no es solo costumbre
que no es nada
que no es mentira

"Esperáste tú", preguntas.
"Dormí yo", respondo.




Deja que los recuerdos vivan en aquellos que permanezcan.

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