Sin hacer ruido, sin decir nada, te fuiste y me quedé sola, tratando de imaginar un por qué. No querías molestar, por eso no hubo despedida. No querías hacer daño, por eso no dijiste las siete palabras que realmente necesitaba oir. Ojalá hubiese recibido bien el golpe y no me hubiese quedado esperando, pendiente de tu botella vacía. Ojalá hubieses dicho:
Adios bonita, esto ha ido demasiado lejos. Sin lágrimas, sin reproches, sin patadas al suelo.
Sin rencores, ha sido divertido. ¿Cuándo dejé de necesitarte? ¿Cuándo dejé de echarte de menos? ¿Cuándo desapareció tu olor de mi ropa? Pronto, igual de pronto que cuando empecé a quererte.
Y aunque no quiera admitirlo, tengo miedo de enamorarme, de dejarme llevar, y me da pereza desperdigar partes de mi corazón como he hecho hasta ahora, para luego no recuperarlas nunca. Dejaste una marca en algún lugar y ahora no se que hacer para borrarla, para borrarte.
"Oh, tu nunca has tenido nada de lo que yo quería, pero lo quiero todo"
No hay comentarios:
Publicar un comentario