Hace días que, cuando abro los ojos en la cama por las mañanas, creo ver los mechones de tu pelo oscuro esparcidos por la almohada. Y todas y cada una de las veces, he pasado la mano con cuidado, esperando sentir la suavidad que hace un par de meses sabía a rutina. No te echo de menos, sé que eres una chica independiente, que no debe cargar con sentimientos tan pesados como los que me golpeaban el pecho al verte saltar por la habitación al ritmo de cualquier canción bailable. Nunca fui muy fanático de los imposible, por eso cuando me dijiste que de ninguna manera podrías seguir a mi lado, te di por imposible y te dejé ir. No me arrepiento, seguro que eres feliz ahora. Yo no, ciertamente. Ahora que no estas todas esas pequeñas cosas que antes no tenían importancia ahora resulta que si que la tienen. No como suficientes verduras, tengo que ir en bicicleta al trabajo, cuando llueve las gafas se me llenan de pequeñas gotitas y no veo nada, el horno calienta demasiado o no calienta nada, según el día. También según el día recuerdo o no regar las plantas que dejaste bajo mi cuidado. Ya han muerto dos, la tercera parece resignada. Aunque, claro, no soy un experto en plantas. Tampoco soy un experto en muchas cosas. Cuando desapareciste se fueron también muchos de mis talentos, por ejemplo, ya no se me da bien no hacer ruido por las mañanas para no despertarte, ahora hago tanto ruido que oigo a los vecinos lanzarme improperios, tampoco hago bien el café, siempre tiro la mitad; las tostadas se me queman como siempre, eso no ha cambiado. Mis amigos no me preguntan por ti, supongo que porque saben que no sé nada de ti. No sé si te has ido al extranjero como querías, solo espero que tu no tengas esta sensación en el estómago que tengo yo, que se encarga cada día de recordarme que te dejé pasar, a ti, al amor de mi vida, y que ahora estarás con alguien más, que no será el amor de tu vida, pero que te hará más feliz delo que te hacía yo. Cuando pienso mucho en ello tengo ganas de vomitar. Al principio me daba vértigo no verte cada mañana, ahora no verte me va a matar.
Yo escribía para decirte que te quiero, pero me he perdido en banalidades, y mi mensaje no ha quedado nada claro.
Espero que aún sepas entenderme.
Tropecé y caí en abril.
