Rodó y rodó, hacia abajo por las escaleras, y en su caída recordó la ausencia del sabor de sus besos. El susurro de las mentiras la envolvía y creaba en ella una pausa en el dolor. Los golpes traían imágenes silenciosas que evaporaban la consciencia. "Adiós", dijo sin llanto, y algo crujió en su pecho. "Adiós", repitió gritando, y algo se apagó en sus ojos.
Heaven knows I'm miserable now.